#Comptoirstories

Los estigmas de la mano, las huellas de un gesto preciso y refinado. La poesía de un inconveniente, la delicadeza de una aspereza. La alquimia de la autenticidad. Porque el buen hacer es un tesoro, Comptoir ha querido rendirle homenaje, con Aurélie, ceramista virtuosa enamorada de la materia.

Aurélie
Dorardceramista

Bebía el chocolate caliente de su infancia en la vajilla fabricada por su madre, que modelaba en sus horas libres. La cerámica, para Aurélie, es una herencia, algo evidente. También, una nueva vida: primero como pasatiempo, la cerámica se convierte en su profesión. El trabajo manual como antídoto al virtual. Una forma, necesaria, de ralentizar, de adoptar lo contrario de la celeridad. De concederse tiempo para escuchar al material, de acoger las sensaciones que aporta el trabajo de la tierra. Aurélie valora los instantes de pura creación, tanto como aquellos que requieren más meditación, como son el modelado y el torneado. Enamorada de la naturaleza, le gusta provocar una emoción o una sonrisa con sus creaciones. Objetivo conseguido con sus bonitos objetos que insuflan un aire de poesía a la vida diaria.

blabla

¿Quién es ella?

Aurélie es ceramista. En su pequeña casa a las puertas de París, ha instalado en la planta baja su taller: del suelo al techo, tazones con patas dialogan con tazas con cabezas, platos planos conversan con máscaras de porcelana. Un ambiente rústico y onírico al mismo tiempo, a imagen de la dueña del lugar. Un encuentro en tierra poética.

¿Puedes hablarnos de la transmisión?

Fue mi madre quién me transmitió el virus de la cerámica. Yo también doy cursos en mi taller. Me gusta ese tiempo compartido en torno a la creatividad. Es gratificante aprender, transmitir, enseñar al alumno los elementos fundamentales que después le aportarán el placer de crear.


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¿Por qué la cerámica?

Mi madre trabajaba la cerámica. Y, aunque nunca la vi directamente, siempre hemos tenido en casa vajillas hechas a mano. Eso me marcó. La cerámica significa para mí volver a lo concreto, frente a lo virtual y lo digital. También significa un punto de encuentro, que se alimenta de la vida diaria, de los viajes o del arte. Es una disciplina extremadamente rica: se aprende toda la vida.

La cerámica es una profesión tradicionalmente masculina...

Es verdad que la mayoría de los ceramistas conocidos son hombres. Pero muchas mujeres se apuntan a clases y se lanzan. Quizá los hombres se orienten más hacia el torneado, más técnico, mientras que las mujeres prefieran el modelado, las huellas que quedan en el material tras el paso de las manos.


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¿Cómo se consigue el equilibrio personal y profesional cuando se es madre de familia y directora de empresa?

Haciendo malabarismos. No siempre es fácil. Hay que ser flexible con los horarios: yo he querido trabajar en casa para estar con mis hijos, pero para esto, hay que estar dispuesto a trabajar por la noche, o en horarios diferentes a los otros trabajadores. Los niños así se vuelven más independientes. La frontera entre la vida privada y la profesional tiende a borrarse, y a veces se superpone.

Tu estilo en pocas palabras:

Puedo ser un poco hippy, a veces rockera. Adoro los materiales bellos, el lino y la lana. No soy demasiado sofisticada, no me gustan las cursilerías. Me encantan los vestidos tanto como los jeans que han vivido lo suyo. Me gustan los monos, las faldas amplias y las cortas... De hecho, ¡me gusta todo!


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Interview

Conozca a Aurélie Dorard

¿QUIÉN ES ELLA? /
HÁBLANOS DE TU PROFESIÓN /
LA MODA, ¿UNA HISTORIA DE FAMILIA? /

¿Quién es ella?
Aurélie es ceramista. En su pequeña casa a las puertas de París, ha instalado en la planta baja su taller: del suelo al techo, tazones con patas dialogan con tazas con cabezas, platos planos conversan con máscaras de porcelana. Un ambiente rústico y onírico al mismo tiempo, a imagen de la dueña del lugar. Un encuentro en tierra poética.

¿Por qué la cerámica?
Mi madre trabajaba la cerámica. Y, aunque nunca la vi directamente, siempre hemos tenido en casa vajillas hechas a mano. Eso me marcó. La cerámica significa para mí volver a lo concreto, frente a lo virtual y lo digital. También significa un punto de encuentro, que se alimenta de la vida diaria, de los viajes o del arte. Es una disciplina extremadamente rica: se aprende toda la vida.

¿Puedes hablarnos de la transmisión?
Fue mi madre quién me transmitió el virus de la cerámica. Yo también doy cursos en mi taller. Me gusta ese tiempo compartido en torno a la creatividad. Es gratificante aprender, transmitir, enseñar al alumno los elementos fundamentales que después le aportarán el placer de crear.

La cerámica es una profesión tradicionalmente masculina...
Es verdad que la mayoría de los ceramistas conocidos son hombres. Pero muchas mujeres se apuntan a clases y se lanzan. Quizá los hombres se orienten más hacia el torneado, más técnico, mientras que las mujeres prefieran el modelado, las huellas que quedan en el material tras el paso de las manos.

¿Cómo se consigue el equilibrio personal y profesional cuando se es madre de familia y directora de empresa?
Haciendo malabarismos. No siempre es fácil. Hay que ser flexible con los horarios: yo he querido trabajar en casa para estar con mis hijos, pero para esto, hay que estar dispuesto a trabajar por la noche, o en horarios diferentes a los otros trabajadores. Los niños así se vuelven más independientes. La frontera entre la vida privada y la profesional tiende a borrarse, y a veces se superpone.

Tu estilo en pocas palabras:
Puedo ser un poco hippy, a veces rockera. Adoro los materiales bellos, el lino y la lana. No soy demasiado sofisticada, no me gustan las cursilerías. Me encantan los vestidos tanto como los jeans que han vivido lo suyo. Me gustan los monos, las faldas amplias y las cortas... De hecho, ¡me gusta todo!


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